Tú pisas el umbral del País de la Música
para contarnos luego lo que oíste soñando.
Te asomas a la puerta del Reino de la Lluvia
y traes en tu mano la flor azul del agua.
Tus palabras deciden el amoroso clima
y apresuran la madurez de las frutas
porque en tu voz dorada es el verano siempre
y arde en tu voz un fuego secreto como el tiempo.
Cuando la luna sube por detrás de tus versos,
-qué digo, por encima de los más bellos árboles-
el ruiseñor que vive en lo alto de tu sangre
ebrio de melodía, de luna y amor, canta.
Y cuando llega una ráfaga de jazmín,
cuando viene una música de turbadoras alas,
cuando vuela un aroma de huerto desvelado
es que el viento ha pasado sobre tu poesía.
Eduardo Carranza, 1945.